Ella era generosa, era honda y verdadera.
Cuánta lástima me da.
Pobre.
Recordarla es doloroso. La sentía con vehemencia.
Veo hacia atrás y sigo sin entender.
¿Por qué no me veías?
¿Por qué no veías mi esperanza?
¿No era lo suficientemente hermosa, cálida, contagiosa?
Destruir es tan sencillo.
Pobre esperanza.
Qué buena compañera fue, qué mala consejera.
Pero ¿Quién podía detenerla?

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