Tuesday, 8 September 2009

Inútil

Conozco una historia. Es una historia larga.
Casi al final de esta historia, -o no-, ocurrió un episodio particular que me conmovió hace poco, cuando regresó de la memoria...
Ella, exhausta de una lucha que no la llevaba a ninguna parte, realmente imbuida en los recuerdos nocivos del pasado y en las recurrentes y puntiagudas dudas de su presente, decidió renunciar. Pero no, no fue una renuncia a la lucha, sino que fue una rendición ante lo que sentía, ante lo que podía y no podía ser. Fue una decisión de lucha distinta, un ponerse a disposición del destino, dejarse absolutamente vulnerable.
Así, ella dijo: "No me importará nada más, yo sabré que mi sentir es real, yo sabré de mi entrega y estaré aquí para ti. Si tú decides estar conmigo, estaré aquí, si hay alguien más, también estaré aquí... Porque no puedo hacer otra cosa, porque así debe ser".
Y habiendo renunciado a saber, habiendo renunciado a recordar constantemente las cosas que habían sucedido, se dejó llevar por los días presentes, por la mano de su compañero, quien decía agradecer esta decisión y quien proclamaba su entrega de la misma forma.
Hoy no me estoy preguntando por qué no fue acogida. Hoy no me pregunto por qué no se valoró ese esfuerzo, esa entrega. Hoy simplemente me entristezco una vez más.
Tan sólo días después él la abandonaba de nuevo. Muy a su manera, la dejaba otra vez. Ella no lo sabía, ella pensaba que todo estaba mejor. Sí, aún produce mucha tristeza. No hay nada qué hacer con ella, tan sólo esperar a que se seque.
No tiene ningún sentido esto. No sé por qué lo escribí. 
Hace unos días leí alguna cosa de ese momento, debe ser por eso.

No comments:

Post a Comment